El nieto del artista, único descendiente directo, considera que hoy está en riesgo aquel alcance popular que supo tener la obra del creador de la “pinacoteca de los pobres”. Aspira a que esas obras reunidas puedan exhibirse con un criterio público y cultural más masivo.
Más de 120 obras y objetos personales de Florencio Molina Campos, el artista plástico más popular de la Argentina que caricaturizó las fisonomías, poses y costumbres del gaucho en un intento de recrear la totalidad de su vida, están en riesgo de preservación y esperan, a 62 años de su muerte, sortear el laberinto burocrático que hoy impide que sean exhibidas al gran público.
“Quiero que todos los argentinos y quienes visitan nuestro país puedan disfrutar de su obra. Mi abuelo pintó al hombre de campo en un intento de enaltecer su figura y que hoy su obra esté mal conservada, que sea inaccesible o que tenga que competir con otros atractivos turísticos es triste y desafortunado para su legado”, advierte, en diálogo con Télam, Gonzalo Giménez Molina, el único nieto del artista.

Giménez Molina, abocado a la pyme familia Molina Campos Ediciones, promueve y alienta desde veinte años la creación de un espacio dedicado a su obra en la Ciudad de Buenos Aires: “Acá nació y murió mi abuelo, vivió la mayor parte de su vida, enseñó dibujo en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda, integró organizaciones culturales como la Peña del Tortoni y la Orden del Tornillo, se casó, tuvo a su única hija, Hortensia “Pelusa” Molina, realizó la 1° exposición en la Rural de Palermo y en otras galerías”, argumenta. Quiere, con su iniciativa, que la obra del artista -quien se atrevió a sacar su pintura del lienzo y ponerla a disposición del público en soportes masivos y no tradicionales como sus almanaques legendarios- sea más accesible.
El nieto del artista insiste, por otra parte, en que la conservación de esa cantidad de obras es compleja, muy costosa y por fuera de las posibilidades económicas de un municipio bonaerense. “Muchas de estas pinturas ya fueron restauradas y esto es algo que no se puede hacer de forma indefinida porque la obra se modifica. Por eso, es importante que estén bien resguardadas. ¿Por qué le vamos a pedir a un municipio, en esta situación económica y social que atraviesa el país, que se haga cargo de preservar estas piezas?”, argumenta.

Por su parte el secretario de Cultura de Moreno, Roberto del Regno, explicó, en diálogo con Télam, los motivos que llevaron al municipio a intervenir desde la reglamentación. “Cuando asumimos en 2020 nos acercamos a la Fundación para saber por qué el Museo estaba cerrado. Al tiempo, la propiedad se puso en venta y consideramos que era necesario proteger el acervo de los morenenses, por eso decidimos dictar esa ordenanza”, señaló. Contó, además, que más allá del destino del Museo, la intendencia trabaja para poner en condiciones “Los estribos”, la propiedad en la que vivió Molina Campos que ahora es parte del patrimonio municipal: “Logramos reubicar a la familia que vivía ahí y tenemos un plan para recuperar la propiedad en el corto plazo”. Al ser consultado por el destino de las obras, el funcionario municipal advirtió que ya no están en el Museo y que, según lo que informaron los integrantes de la Fundación, estarían al cuidado de la Universidad de San Martín y en un espacio con impronta comercial de San Antonio de Areco.

Con el claro interés de desentenderse del tironeo entre el municipio y la Fundación, el nieto de Molina Campos insiste en la necesidad de que esas 120 piezas puedan exhibirse en un espacio acorde al valor simbólico de la obra del artista: “Solo pretendo proteger la obra de mi abuelo, sus pinturas, para que el público presente y futuro pueda disfrutarlo”.
Fuente: Telam